DON ÁLVARO La muerte, como cristiano 1840
la sufriré; no me aterra.
Dármela Dios no ha querido
con honra y con fama eterna,
en el campo de batalla,
y me la da con afrenta 1845
en un patíbulo infame...
Humilde la aguardo... Venga.
Aunque algunos críticos consideran que la muerte final de Don Álvaro se debe a la ruptura del orden social, o bien a no haber cumplido bien la ley de Dios, desde mi punto de vista esta obra se desarrolla en una línea existencialista. Para nuestro protagonista la vida es un sin vivir sin sentido. Después de mucho sufrimiento y dominado por la locura, Don Álvaro decide quitarse la vida arrojándose por un precipicio, pronunciando unas palabras que parecen que hayan sido dichas por el mismo diablo:
DON ÁLVARO ¡Infierno, abre tu boca y trágame! ¡Húndase el cielo, parezca la raza humana; exterminio, destrucción...! (Sube a lo más alto del monte y se precipita.)
¿No os recuerda a Edipo? Don Álvaro es un Edipo que no puede escapar de su destino, por lo que decide quitarse la vida, al igual que Edipo decidió sacar sus ojos para no ver el daño que había causado.
DON ÁLVARO ¡Infierno, abre tu boca y trágame! ¡Húndase el cielo, parezca la raza humana; exterminio, destrucción...! (Sube a lo más alto del monte y se precipita.)

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