lunes, 20 de mayo de 2013

Un nuevo Edipo.

Nuestro primer personaje y protagonista es Don Álvaro, el representante de la burguesía. Su creación lo convierte en el prototipo de hombre romántico, valiente, entregado por amor y rebelde con la sociedad. Y como prototipo de hombre romántico, no será menos trágico su final. Su ideal de amor, amistad y honor hará que vea la vida terrenal como algo inferior; la decepción va a ser continua. En este fragmento Don Álvaro se resigna a la muerte de cualquier manera. Su final está escrito para él, y lo sabe:

     DON ÁLVARO        La muerte, como cristiano     1840
                                       la sufriré; no me aterra.
                                       Dármela Dios no ha querido
                                       con honra y con fama eterna,
                                       en el campo de batalla,
                                       y me la da con afrenta           1845
                                       en un patíbulo infame...
                                       Humilde la aguardo... Venga.


Aunque algunos críticos consideran que la muerte final de Don Álvaro se debe a la ruptura del orden social, o bien a no haber cumplido bien  la ley de Dios, desde mi punto de vista esta obra se desarrolla en una línea existencialista. Para nuestro protagonista la vida es un sin vivir sin sentido. Después de mucho sufrimiento y dominado por la locura, Don Álvaro decide quitarse la vida arrojándose por un precipicio, pronunciando unas palabras que parecen que hayan sido dichas por el mismo diablo:

   DON ÁLVARO            ¡Infierno, abre tu boca y trágame! ¡Húndase el cielo, parezca la raza humana; exterminio, destrucción...! (Sube a lo más alto del monte y se precipita.)



¿No os recuerda a Edipo? Don Álvaro es un Edipo que no puede escapar de su destino, por lo que decide quitarse la vida, al igual que Edipo decidió sacar sus ojos para no ver el daño que había causado. 


Don Álvaro o La fuerza del sino es la renovación de la tragedia griega. 

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